Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de noviembre de 2013

Wiluša

Pocas cosas me llaman más la atención que los ecos de la historia en las leyendas, como ya mencioné al hablar del rey lombardo Albwin y del poema anglosajón Widsið. Cuando se descubrió al Homo floresiensis, en Sumatra, lo más evocador para mí fue que los nativos tenían leyendas sobre una pequeña criatura humanoide llamada Orang Pendek, y lo que hace que Atila mole todo no es el terror de los romanos, sino su aparición como Atli en la Völsunga saga o Etzel en el Cantar de los nibelungos. Una de mis leyendas favoritas es el ciclo troyano, especialmente los elementos más arcaicos. Muchos académicos tienen inclinaciones parecidas a las mías, lo que ha hecho que la cuestión de la historicidad de la Ilíada sea un tema fascinante, pero peligroso: es muy fácil dejarse llevar y caer en argumentos circulares sólo por las ganas de ver a la Troya legendaria materializarse en la Historia como campo científico.

Si a esto le unimos mi interés (nunca explorado) por la rama anatolia de las lenguas indoeuropeas, por el reino de Hatti y por el tsunami geopolítico con el que terminó la Edad del Bronce, es normal que me resulte irresistible la identificación de Troya con la Wiluša de las fuentes hititas.


Mapa del reino hitita y estados dependientes, con Wiluša en la Tróade (1300 a.C.)

Para empezar, en la Ilíada normalmente no se usa Τροίη (Troíē) para referirse a la ciudad, sino Ἴλιος/Ἴλιον (Ílios/Ílion), que a su vez procedería de una forma más antigua: Ϝίλιος (Wílios), con pérdida regular posterior de la /w/. La correspondencia, por lo tanto, es de lo más sugerente. Además, asociado a Wiluša aparece el nombre de una ciudad, Taruiša, que ha sido relacionado con Troya. Por si esto fuera poco, se conserva un tratado de alianza entre el rey hitita Muwatalli y cierto Alakšandu, rey de Wiluša en torno al 1300 a.C. al que se podría identificar con Alejandro de Troya (más conocido como Paris). En ese tratado, Alakšandu pone como testigo a Apaliunaš, es decir, a Apolo, el principal dios defensor de los troyanos en la Ilíada. En varias cartas posteriores se habla de los conflictos de Hatti con Aḫḫiya o Aḫḫiyawa (el país de los aqueos en Anatolia) en torno a Wiluša y de las andanzas de Piyamaradu (¿Príamo?) por Lukka (Licia), Millawanda o Milawata (Mileto), Apaša (Éfeso) y la isla de Lazpa (Lesbos). Esas correrías se cuentan sobre todo en una carta entre un rey hitita y Tawagalawa, hermano del rey de Aḫḫiyawa, cuyo nombre se corresponde con el griego clásico Eteocles (Ἐτεοκλῆς < ἘτεϜοκλέϜες). Tenemos por tanto una multitud de nombres griegos y de conflictos en los que los aqueos se involucran en la Anatolia occidental de finales del Bronce, y la identificación de Wiluša con Ilión no sólo se basa en la semejanza lingüística, sino también en la interpretación de la geografía política que se desprende de los textos hititas e incluso del hallazgo arqueológico de una serie de canales subterráneos, mencionados en el tratado de Alakšandu, en las excavaciones de la ciudad identificada como Troya. Es todo perfecto y más que suficiente para rellenar el resto de la entrada con emoticonos de gatitos, ¿no?

Pues no. En lo que tal vez sea lo más decepcionante desde que todos esos dinosaurios resultaron tener plumas, buena parte de lo anterior podría basarse más en lo que les gustaría a los investigadores que en la realidad.

 
Experto en la Edad del Bronce

Y es que, en su artículo Wilusa: Reconsidering the Evidence, Vangelis Pantazis desmonta esa teoría de forma demasiado convincente. Para empezar, un vistazo al mapa de Anatolia de arriba bastará para darnos cuenta de que, de acuerdo con esa interpretación, Wiluša estaba a tomar por culo de Hatti, mientras que en el tratado de Alakšandu se dice que está en las regiones fronterizas del país hitita y que Wiluša se compromete a poner trabas a cualquier ataque que pase por sus tierras, lo cual no tiene sentido si su ciudad está en la Tróade (también está obligada a apoyar a Hatti con infantería y carros, pero no se dice nada de ninguna flota; no parece que tuviera costa). En otros documentos, Wiluša aparece junto a Lukka, Karkiša y otros estados cuya ubicación en el suroeste de Anatolia está fuera de toda duda como miembro de la coalición de Aššuwa, que los hititas tratan como un país unificado. Otro miembro de esa coalición es Taruiša, separada y no como sinónimo de Wiluša ni dependiente de ella, lo que no encaja con la teoría de que estamos ante Troya e Ilión. Según Pantazis, la interpretación clásica de los datos geopolíticos es completamente errónea y está basada en argumentos circulares y en errores de base, como la identificación de Éfeso con Apaša. De hecho, colocar a Wiluša al noroeste no hace más que crear problemas geográficos irresolubles con otros estados de la región, y todo porque se parece a Ϝίλιος. Sin mojarse demasiado, Pantazis sugiere Ilouza y Trysa como posibles emplazamientos de las Wiluša y Taruiša de las fuentes hititas.

Pero no hay que desesperar. Aunque Ilouza no tenga el glamour de Troya, eso no quita para que estos textos documenten correrías griegas por toda la Anatolia occidental. Los proto-griegos de Aḫḫiyawa siguen siendo una potencia regional muy influyente, y Alakšandu sigue siendo una adaptación de Ἀλέξανδρος y demuestra el intercambio cultural entre griegos y anatolios. Las fuentes hititas son una ventana a estados que, aunque no fueran Troya, sí que tenían fuertes vínculos culturales y políticos con ella.

Después de todo, ¿acaso los dinosaurios con plumas no siguen molando?


jueves, 8 de noviembre de 2012

Stalingrado

Últimamente he estado jugando bastante al Red Orchestra 2: Heroes of Stalingrad, lo que, como no podía ser de otra forma, ha vuelto a despertar en mí el interés por el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial y por esa batalla en concreto. Hace unos días vi Stalingrado, película alemana de 1993 dirigida por Joseph Vilsmaier que ofrece una perspectiva sobre la guerra diferente a la típica hollywoodiense (más cruda, menos simplista y, por supuesto, bastante más deprimente), y, como además han sido días de no dejar de pensar en dos temas íntimamente relacionados como son la traducción y el sufrimiento y muerte de los alemanes como castigo divino, me ha dado por leer testimonios de participantes, para comprender un poco mejor qué fue aquello, y poner aquí una traducción de uno especialmente interesante.

Por no poner una imagen muy heavy de la película

Se trata del diario de Wilhelm Hoffman, soldado del 267º regimiento de la 94ª división del 6º Ejército alemán, que narra sus experiencias desde una fase temprana de la Fall Blau a finales de julio de 1942 hasta el hundimiento final de lo que quedaba del 6º Ejército (la última entrada es del 26 de diciembre de 1942; la rendición se produjo el 2 de febrero de 1943). Eso sí, que sea interesante no quiere decir que sea verídico: el diario nunca se ha publicado más allá de unos fragmentos en las memorias del teniente general soviético Vasili Chuikov, responsable de la defensa de Stalingrado, que decía habérselo encontrado a un soldado alemán, y, si bien los archivos soviéticos (secretos en su momento) son muy fiables, en la esfera pública les gustaba la propaganda cosa mala.

Más que a mí Propagandhi

Con esto no quiero decir que el diario sea falso. Después de todo, la serie documental de referencia en estos temas, la británica El mundo en guerra (1973-1974), anunciada en la teletienda nada menos que por el doblador de Bruce Willis, lo usó como fuente. Pero no está de más ir con cuidado. En todo caso, si es ficción, es buena literatura, así que allá va:


Hoy, después de bañarnos, el comandante de la compañía nos dijo que, si nuestras próximas operaciones tienen éxito, pronto llegaremos al Volga, tomaremos Stalingrado y entonces la guerra ya no tardará mucho en acabar. Puede que estemos en casa en Navidad.
29 de julio de 1942 [...] El comandante de la compañía dice que las tropas rusas están en fuga y ya no pueden seguir resistiendo. No será difícil llegar al Volga y tomar Stalingrado. El Führer sabe dónde está el punto débil de los rusos. La victoria no está lejos [...]

2 de agosto [...] ¡Qué espacios tan enormes ocupan los soviéticos, qué campos más fértiles se pueden ocupar aquí cuando acabe la guerra! Pero terminémosla rápido. Creo que el Führer hará que la cosa llegue a buen puerto.

10 de agosto [...] Nos han leído las órdenes del Führer. Espera nuestra victoria. Estamos convencidos de que no pueden detenernos.
12 de agosto. Estamos avanzando hacia Stalingrado, siguiendo las vías del tren. Ayer, los katyushas y, después, unos tanques, detuvieron a nuestro regimiento. «Los rusos están enviando a sus últimas fuerzas», me explicó el capitán Werner. Nos va a llegar ayuda a gran escala y derrotaremos a los rusos.
 
 Lanzacohetes Katyusha
Esta mañana se condecoró a los soldados más destacados [...] ¿Es que voy a volver con Elsa sin una medalla? Creo que por Stalingrado el Führer me condecorará hasta a mí [...]

23 de agosto. Muy buenas noticias: al norte de Stalingrado, nuestras tropas han llegado al Volga y han conquistado parte de la ciudad. Los rusos tienen dos opciones, o huyen cruzando el Volga o se entregan. El intérprete de nuestra compañía ha interrogado a un oficial ruso prisionero. Estaba herido, pero aseguró que los rusos luchararín por Stalingrado hasta la última bala. La verdad es que aquí pasa algo incomprensible. En el norte nuestras tropas conquistan una parte de Stalingrado y llegan al Volga, pero en el sur las divisiones ya sentenciadas siguen resistiendo amargamente. Fanatismo [...]

27 de agosto. Bombardeo de artillería constante por todas partes. Avanzamos poco a poco. Estamos a menos de 30 kilómetros de Stalingrado. De día se ve el humo de los incendios, de noche se ve el resplandor. Dicen que la ciudad está en llamas; siguiendo órdenes del Führer, la Luftwaffe la ha incendiado. Es lo que les hace falta a los rusos para que dejen la resistencia [...]
4 de septiembre. Nos mandan al norte, siguiendo el frente, hacia Stalingrado. Marchamos durante toda la noche y al amanecer llegamos a la estación de Voroponovo. Ya se ve el humo de la ciudad. Es para alegrarse saber que el fin de la guerra se acerca. Es lo que dice todo el mundo. Ojalá los días y las noches pasaran más rápido [...]

5 de septiembre. Han ordenado a nuestro regimiento que ataquemos la estación de Sadovaya; eso está casi en Stalingrado. ¿De verdad los rusos pretenden resistir en la propia ciudad? La artillería y los aviones rusos no nos dieron ni un momento de paz en toda la noche. Están trayendo a muchos heridos. Que Dios me proteja [...]
8 de septiembre. Dos días de combates sin descanso. Los rusos se defienden con una tenacidad demente. Nuestro regimiento ha perdido a muchos hombres por culpa de los katyushas, que escupen un fuego terrible. Me han mandado al cuartel general del batallón. Deben de haber sido las oraciones de mamá, que me han sacado de las trincheras de la compañía [...]
11 de septiembre. Nuestro batallón está luchando en las afueras de Stalingrado. Ya se ve el Volga. Los disparos son continuos. Mires donde mires, ves fuego y llamas [...] La artillería y las ametralladoras rusas disparan desde la ciudad incendiada. Fanáticos [...]

13 de septiembre. Número de la mala suerte. Esta mañana, los ataques con katyushas han causado muchas bajas a la compañía: 27 muertos y 50 heridos. Los rusos están luchando de forma desesperada como bestias salvajes y no se rinden, sino que se acercan para tirar granadas. El teniente Kraus murió ayer y la compañía no tiene a nadie al mando.

16 de septiembre. Nuestro batallón, apoyado por tanques, está atacando el silo, del que sale mucho humo: el grano está ardiendo, al parecer los mismos rusos le han prendido fuego. Qué barbarie. El batallón está sufriendo muchas bajas. No quedan más que sesenta hombres en cada compañía. Los que ocupan el silo no son hombres, son demonios a los que ni las llamas ni las balas pueden destruir.
 Artillería alemana, con el silo al fondo
18 de septiembre. Los combates siguen dentro del silo. Los rusos que están dentro están sentenciados. El comandante del batallón dice: «Los comisarios les han ordenado a todos ellos morir en el silo».
Si defienden todos los edificios de Stalingrado igual que este, ni uno de nuestros soldados volverá a Alemania. Hoy me llegó una carta de Elsa. Espera que vuelva a casa en cuanto consigamos la victoria.
20 de septiembre. Los combates por el silo continúan. Los rusos disparan por todos lados. Nosotros estamos en nuestro sótano; no se puede salir a la calle. El sargento mayor Nuschke ha muerto hoy cuando intentaba cruzar una calle corriendo. Pobre hombre, tenía tres hijos.
22 de septiembre. La resistencia rusa en el silo se ha derrumbado. Nuestras tropas avanzan hacia el Volga [...]
Los soldados veteranos nunca antes habían visto combates tan duros.
26 de septiembre. Nuestro regimiento participa sin descanso en fuertes combates. Tras la conquista del silo, los rusos han seguido defendiéndose con la misma tenacidad. Ni siquiera se les ve, ocupan casas y sótanos y disparan desde todas direcciones, incluida nuestra retaguardia. Bárbaros, usan métodos de gánster.
Unos soldados rusos salieron no se sabe de dónde en unos edificios que conquistamos hace dos días y se han reanudado los combates. Nuestros hombres no sólo están muriendo en la línea de fuego, sino también en la retaguardia, en edificios que ya habíamos ocupado.
Ya no se rinde ningún ruso. Si hacemos algún prisionero es porque estaba demasiado herido como para moverse por sí mismo. Stalingrado es un infierno. Los que son heridos sin más tienen suerte: ellos sin duda volverán a casa y celebrarán la victoria con sus familias [...]
28 de septiembre. Hoy, nuestro regimiento y toda la división están celebrando la victoria. Junto con las dotaciones de nuestros tanques, hemos conquistado la parte sur de la ciudad y alcanzado el Volga. Hemos pagado un precio muy alto por la victoria. En tres semanas hemos ocupado unos 14 kilómetros cuadrados. El comandante nos ha dado la enhorabuena [...]
3 de octubre. Después de marchar durante toda la noche hemos tomado posiciones en una hondonada cubierta de arbustos. Al parecer, vamos a atacar las fábricas, cuyas chimeneas se ven claramente. Detrás está el Volga. Hemos entrado en una zona nueva. Era de noche pero vimos muchas cruces con cascos alemanes puestos encima. ¿Tantos hombres hemos perdido? ¡Maldita sea Stalingrado!

4 de octubre. Nuestro regimiento está atacando la zona de Barrikady. Han aparecido muchos rusos armados con subfusiles Thompson. ¿De dónde los sacan?

Alemanes en la fábrica de Barrikady

5 de octubre. Nuestro batallón ha lanzado cuatro ataques y ha sido repelido en cada uno de ellos. Los francotiradores rusos les dan a todos los que dejan de estar a cubierto por descuido.

10 de octubre. Los rusos están tan cerca que nuestros aviones no pueden bombardearles. Nos estamos preparando para un ataque decisivo. El Führer ha ordenado que se conquiste todo Stalingrado lo más rápidamente posible.

14 de octubre. Está siendo un día fantástico desde por la mañana: la aviación y la artillería han estado bombardeando las posiciones rusas durante horas; todo lo que está a la vista está siendo borrado de la faz de la tierra [...]

22 de octubre. Nuestro regimiento no ha conseguido penetrar en la fábrica. Hemos perdido a muchos hombres; cada vez que te mueves tienes que pasar por encima de los cadáveres. De día casi no se puede respirar: no hay nadie para retirar los cuerpos, ni ningún sitio donde llevarlos, así que están ahí pudriéndose. ¿Quién habría pensado hace tres meses que, en vez de la alegría de la victoria, tendríamos que soportar este sacrificio y esta tortura, cuyo fin ni siquiera se vislumbra? [...]
Soldados soviéticos
Los soldados llaman a Stalingrado la fosa común de la Wehrmacht [...] Quedan muy pocos hombres por compañía. Nos han dicho que pronto nos retirarán del frente para reponer las bajas.

27 de octubre. Nuestras tropas han capturado toda la fábrica de Barrikady, pero no podemos abrirnos paso hasta el Volga. Los rusos no son hombres, son criaturas de hierro fundido o algo así. Nunca se cansan y no le tienen miedo al fuego. Estamos completamente exhaustos. Nuestro regimiento ahora apenas tiene los efectivos de una compañía. La artillería rusa del otro lado del Volga no deja ni levantar la cabeza [...]
28 de octubre. Cada soldado se ve como un hombre sentenciado. La única esperanza es que te hieran y te lleven a la retaguardia [...]

3 de noviembre. Nuestro batallón ha intentado atacar las posiciones rusas varias veces el último par de días... sin éxito. En este sector los rusos tampoco te dejan levantar la cabeza. Se han dado una serie de casos de heridas autoinfligidas y enfermedades fingidas en las filas. Todos los días escribo dos o tres informes sobre casos así.
10 de noviembre. Hoy me llegó una carta de Elsa. Todo el mundo nos espera en casa para Navidad. En Alemania la gente se cree que ya controlamos Stalingrado. Qué equivocados están. Si pudieran ver lo que Stalingrado le ha hecho a nuestro ejército...
18 de noviembre. Nuestro ataque con tanques de ayer fue un fracaso. Cuando terminó, el campo estaba cubierto de muertos.
21 de noviembre. Los rusos han lanzado una ofensiva en todo el frente. Hay combates muy intensos. Bien, lo tenemos todo ahí delante: ¡el Volga, la victoria y, pronto, el regreso a casa con nuestras familias! Es obvio que la próxima vez que las veamos será en el otro mundo.
Contraofensiva soviética: Operación Urano
29 de noviembre. Estamos rodeados. Esta mañana se anunció que el Führer ha dicho: «El ejército puede confiar en que haré todo lo necesario para asegurar el aprovisionamiento y para romper el cerco con rapidez».
3 de diciembre. Se nos ha racionado la comida al mínimo y estamos esperando el rescate que nos prometió el Führer.
Mando cartas a casa, pero no hay respuesta.
7 de diciembre. Las raciones se han reducido tanto que los soldados están pasando un hambre atroz; reparten una hogaza de pan duro para cada cinco hombres.
11 de diciembre. Hay tres preguntas que obsesionan a todos los soldados y oficiales: ¿Cuándo van a dejar de disparar los rusos y a dejarnos dormir tranquilos aunque sólo sea una noche? ¿Cómo y con qué vamos a llenarnos los estómagos vacíos, que aparte de unos 100 g de pan no reciben prácticamente nada? ¿Y cuándo va a hacer algo concreto Hitler para liberar a nuestros ejércitos del cerco?
14 de diciembre. A todos nos atormenta el hambre. Las patatas congeladas son la mejor comida, pero sacarlas de la tierra cubierta de hielo bajo el fuego ruso no es tan fácil.
18 de diciembre. Hoy, los oficiales nos han dicho a los soldados que nos preparemos para entrar en acción. El general Manstein se acerca a Stalingrado desde el sur con grandes fuerzas. La noticia ha llenado de esperanza los corazones de los soldados. ¡Por Dios, que salga bien!
Alemanes en su intento de liberar al 6º Ejército (Operación Tormenta de Invierno)
21 de diciembre. Estamos esperando la orden, pero por algún motivo se está retrasando mucho. ¿Y si lo de Manstein no es verdad? Esto es peor que cualquier tortura.
23 de diciembre. Seguimos sin órdenes. Lo de Manstein era un farol. ¿O es que le han derrotado de camino a Stalingrado?
25 de diciembre. La radio rusa ha anunciado la derrota de Manstein. Nos esperan la muerte o el cautiverio.
26 de diciembre. Ya nos hemos comido los caballos. Me comería un gato; dicen que su carne también está buena. Los soldados parecen cadáveres o lunáticos, en búsqueda de algo que llevarse a la boca. Ya ni siquiera se ponen a cubierto de la artillería rusa: no tienen fuerzas para caminar, correr y esconderse. ¡Maldita sea esta guerra! [...]
Prisioneros

El 6º Ejército tenía unos 250.000 hombres cuando empezó la batalla de Stalingrado. En el momento álgido, al inicio de la contraofensiva soviética, llegó a haber cerca de un millón de soldados del Eje luchando por la ciudad y sus flancos. Fueron 91.000 soldados los que quedaron para rendirse y ser hechos prisioneros en febrero de 1943, y sólo unos 6.000 volvieron a casa, ya en 1955. Cifras muy parecidas a mis puntuaciones en el Red Orchestra 2.

lunes, 9 de julio de 2012

Y sin embargo no se mueve

Los que me conocen y han salido de farra conmigo lo saben: yo no bailo. Si la canción no me repugna, puedo llegar a mover la cabeza con más o menos entusiasmo, y si me gusta y se desata la locura soy capaz hasta de llevar el ritmo con un pie. En algún concierto punki he saltado, levantado el brazo y cantado como el que más, pero eso no es bailar, ¿no?

Danza ritual straight edge

Naturalmente, de cuando en cuando mis amigas aprovechan para intentar sacarme a bailar, imagino que por algún tipo de competición que tienen para ver quién consigue que aguante más tiempo. La última vez que ocurrió, hace apenas 10 días, en una boda, creo que fueron unos 20 segundos. Si es que ya lo decían los suecos Millencolin: «It doesn't matter how many times you ask me up. I appreciate it, but it's complicated».

El problema es que la gente no entiende que eso de bailar es extremadamente peligroso, y no me refiero a peligroso en plan torcerse un tobillo o deshidratarse en una rave, no: es una enfermedad contagiosa que puede llegar a ser mortal. De hecho, sin duda es mi instinto de conservación lo que me impide bailar, y no la vergüenza o la falta de habilidad (que si quiero os meo a todos, ¿eh?).

Los que crean que estoy de coña que se vayan a Estrasburgo y pregunten por lo que pasó allí en el verano de 1518. Un buen día de julio, una tal Frau Troffea (sí, «Frau». Das Elsass ist deutsch!) se puso a bailar en medio de la calle, así sin más: ni sonaba música ni nada. Al principio imagino que alguien le echaría alguna moneda y los demás la mirarían como si estuviera loca, pero el tema es que la mujer siguió bailando sin parar, horas y horas, como una posesa, mientras su marido, obviamente, se negaba a unirse al baile (¿para qué? Si ya se la había hecho). Lo que empezó como una curiosidad se volvió más alarmante con el paso de las horas, hasta que Frau Troffea cayó al suelo completamente extenuada. La llevaron a casa, la metieron en la cama y la dejaron, sin duda suponiendo que en cuanto se le pasaran los efectos del alcohol todo volvería a la normalidad. El problema es que la mujer no iba borracha: se había puesto a bailar sin más y, aunque quería, no podía parar. En cuanto se despertó, se repitió la misma escena, pero esta vez se le unió uno de sus conciudadanos. Al cabo de unos días, había 34 personas bailando sin parar por las calles de Estrasburgo, presas de alguna extraña enfermedad.

Suave, suave, su-, su-, suave

La primera reacción de los expertos fue de sentido común: el mejor tratamiento es dejarles que bailen, que ya se cansarán. Es más, les construyeron un escenario y pusieron músicos en plan fiestas patronales, quizá para que la cosa diera menos mal rollo vista desde fuera. Como por entonces alguna de las víctimas ya se había quedado en el sitio por culpa de la deshidratación, los ataques al corazón o la simple extenuación, esa propuesta no hizo mucho por calmar los ánimos en la ciudad alsaciana, y menos cuando, al cabo de un mes, el número de gente afectada superaba los 400 y la cifra de muertos empezaba a ser considerable (se dice que pasó de los 100, aunque me parece algo exagerado). Probaron también tratamientos serios, avalados por el saber del momento, como procesiones y cosas de esas, pero nada. Al final, como vino, se fue, y hacia finales del verano todo volvió a la normalidad. Los ciudadanos de Estrasburgo se curaron las ampollas de los pies, se rehidrataron bien y, seguramente, fueron al trabajo al día siguiente como si lo de la cena de empresa nunca hubiera ocurrido.

Suena a Cuarto Milenio, pero lo de Estrasburgo pasó varias veces, es una cosa bien documentada con explicaciones médicas para todos los gustos, pero ninguna definitiva. Algunos hablan de histeria colectiva, aunque no sé qué tiene de colectivo que la mujer esa se tirase un día entero bailando sola (podría haber sido hipsteria y ser todo producto de la imitación, claro). Otros conjeturan que se debió a los efectos del cornezuelo o ergot, un hongo del género Claviceps que contiene ergotamina, una sustancia que vendría a ser como LSD natural, y que habría contaminado la cosecha de centeno. Hay una teoría que habla de rituales de alguna secta, mientras que otros se dejan de tonterías y dicen directamente que la gente está muy loca.

Yo, en todo caso, no me la juego. Con los ligeros movimientos de cabeza me vale.

martes, 29 de noviembre de 2011

Crimea

La Guerra de Crimea (1853-1856) mola por muchos motivos. Igual que la Gran Guerra, tiene ese aire de guerra estúpida en la que los errores militares se sucedían, para desgracia de los soldados que eran sacrificados sin ton ni son, en buena parte por cosas como que, en el ejército británico, los cargos de oficial se vendieran (literalmente) al primer noble que pasara por allí dispuesto a soltar dinero, sin tener en cuenta su capacidad de dirigir tropas o su experiencia. Además, hechos como la Delgada Línea Roja y, sobre todo, la carga de la Brigada ligera, ambos ocurridos durante la batalla de Balaclava, trascendieron la historia militar y llegaron a la cultura popular.

La línea: delgada, pero formada por putos Highlanders. Así cualquiera.

Otro de sus atractivos, para un friki de la historia, es su carácter de guerra de transición. De alguna forma, es a la vez la última guerra de tipo más o menos napoleónico y la primera moderna (del tipo que predominaría hasta 1914). Fue el último gran conflicto antes de que los rifles de retrocarga y las balas Minié se generalizaran entre la infantería en la época de la Guerra Civil estadounidense y la Guerra Franco-Prusiana, avances que convirtieron las formaciones tradicionales en poco menos que un suicidio (se seguirían usando, por supuesto, pero de forma algo distinta; las trincheras iban cobrando cada vez más protagonismo, aunque sin acabar aún con la guerra de movimientos) y redujeron enormemente el papel de la caballería, pero ya en Crimea algunos de estos adelantos hicieron su aparición, presagiando lo que estaba por venir. Lo que, por cierto, se plasmaba en unos uniformes que, de forma casi imperceptible, se fueron volviendo menos molones.

No así los bigotes, cuya edad de oro duraría hasta bien entrado el s. XX

Pero, sobre todo, está el hecho de que fuera la primera vez que la prensa envió auténticos reporteros de guerra al frente de un conflicto importante. Las crónicas telegrafiadas desde Crimea por el periodista William Howard Russel conmovieron a la opinión pública británica hasta tal punto que el gobierno se vio obligado a dimitir ante la indignación por los problemas logísticos que sufría el ejército y que provocaban indirectamente muchas bajas (de los 21.000 soldados británicos caídos en Crimea, 16.000 murieron por enfermedad; sus aliados franceses, sardo-piamonteses y turcos tenían los mismos problemas). Y, lo que resulta más interesante: por primera vez, había fotógrafos.

La fotografía, por supuesto, estaba en pañales. Era imposible capturar la acción, porque el modelo debía permanecer más o menos quieto durante un tiempo, así que sólo tenemos retratos, vistas de campos de batalla, imágenes de fortificaciones y campamentos y cosas así. Pero es fascinante poder asomarse a un tipo de guerra que, como ya he dicho, seguía siendo casi napoleónica. La calidad de las imágenes es la que cabría esperar de unas fotos tomadas hace 157 años, pero se aprecian perfectamente los uniformes, cómo vivían los soldados y cuánto estilo se gastaban.

Campamento aliado cerca de Sebastopol

Capitanes, coroneles y otros tíos con gorros de mandar mucho en la División Ligera

Capitán Cuninghame. Highlander, claro.

Infantería británica vestida de soldaditos de plomo

Más infantería británica, pero con ropa de invierno (menos glamourosa)

Bosquet, general francés, da órdenes o señala algo gracioso

Ismail Pachá y soldados otomanos (nadie les hace caso, pero son la razón por la que pasa todo esto)

El fotógrafo, Roger Fenton, se mola a sí mismo

Más fotos de Fenton aquí. Para comprender mejor los horrores de la guerra de Crimea, ver este video.

viernes, 12 de febrero de 2010

Lombardos


Acabo de terminarme un libro sobre historia romana oriental (lo que viene llamándose «Imperio bizantino», de forma no demasiado acertada). Se titula Bizancio y lo ha escrito una tal Judith Herrin. No está mal, pero tiene un párrafo que me ha sentado como el culo:

[...] las fuerzas bárbaras iniciaron su conquista de la región italiana septentrional de Lombardía, pasando así a adquirir la denominación de lombardos.

Arghjhx. Por supuesto que fue al revés: Lombardía se llama así por la tribu germánica. Eso hace que sea un nombre de lo más evocador, como Borgoña (de los burgundios) o, si la teoría fuera cierta, que probablemente no lo sea, Andalucía (de los vándalos). Pero ¿será posible que una señora historiadora de las de publicar libros y pasar el cazo sepa tan poco de un pueblo que tuvo un contacto tan estrecho con Bizancio (su área de especialidad) y sobre todo de un pueblo tan... tan la polla?


Una vez comenté vía tuentil que los lombardos (o longobardos) son mi tribu germánica fetiche, y sospecho que quienes lo leyeron no me tomaron en serio, posiblemente porque la gente normal no suele tener una tribu germánica fetiche (aunque no sé qué tiene que ver la gente normal conmigo). Pero es la pura verdad, como demuestran algunos documentos gráficos antiguos. La razón de esto es muy simple: eran unos cracks.

Hell yeah

Para empezar, dicen sus tradiciones que el nombre se lo puso Odín cuando, al despertarse una mañana y ver a las mujeres de la tribu vestidas de guerreros con el pelo puesto en la cara, le preguntó a su esposa que quiénes eran los tipos esos de las barbas largas (o sea, esos longobardos). Mucho mejor que cualquier tontada sobre unos hermanos abandonados y una loba.

Eran tan notas que, cuando luchaban contra los ostrogodos como aliados de los bizantinos en Italia, el general Narsés tuvo que mandarlos para casa a la primera oportunidad porque eran demasiado desfasados y no controlaban. Y eso en una época en la que lo normal si se te resistía una ciudad era arrasarla por completo.

Y encima tuvieron al rey más puto amo de toda la alta Edad Media: Albwin (más conocido en castellano como Alboino, que mola bastante menos). Un personaje que, hacia 551, siendo un chaval, dirigió a los lombardos en la batalla de Asfeld contra los gépidos en la que mató al príncipe rival, Thurismod, y tuvo los santos cojones de irse inmediatamente a la corte del rey gépido Thurisind a pedirle una espada, ya que la costumbre lombarda exigía que un soberano extranjero le armara antes de que pudiera sentarse a la mesa de su padre, el rey Audwin. No contento con esa muestra de chulería, cuando el príncipe gépido Cunimund comparó a los lombardos con caballos por las vendas con las que se cubrían las piernas, Albwin le dejó todo roto diciéndole que se fuera a Asfeld a preguntarle a su hermano qué tal las coces que daban (**iceburn**). Y así y todo, se volvió a casa con la espada de Thurismod.

Fue coronado rey entre 560 y 565, y al momento se puso a guerrear contra Cunimund porque le caía gordo. Como los bizantinos se metieron por medio, la cosa quedó en nada, pero en 567 se alió con los ávaros y juntos destruyeron el reino gépido. Y, de nuevo, como era así de notas, decidió obligar a la hija de Cunimund, Rosamunda, a casarse con él. Al año siguiente, llegó a un acuerdo con Bayan Khan: los lombardos se iban a Italia y los ávaros se quedaban con sus tierras, pero si las cosas les iban mal se las tenían que devolver. No consta que a nadie se le escapara la risa durante las negociaciones.

Albwin invita a Rosamunda a una copa, pero esta no se quita toda la ropa

Ya en Italia, sólo Pavía opuso una resistencia seria, y de hecho su asedio duró tres años. Demostrando una vez más ser todo un personaje, Albwin juró que cuando entrara en la ciudad mataría a todo el mundo, que ya les valía, retrasarle de esa forma, pero a la hora de la verdad era un sol y se le iba la fuerza por la boca. Dicen que su caballo se negó a cruzar las puertas, y algún aprovechado le dijo que era una señal divina: no podría entrar hasta que no renunciara a su juramento. Así que Albwin, que al menos nominalmente era cristiano, se desdijo, hizo de Pavía su capital, y en paz.

Por desgracia, su sentido del humor no era apreciado por todo el mundo. En 572, celebrando un banquete, tuvo la feliz idea de hacer que le trajeran la copa que se había hecho con el cráneo de Cunimund, la llenó de vino y se la ofreció a su esposa Rosamunda, invitándola a «beber alegremente con su padre». Lo que hoy causaría furor en una película de Tarantino debió suscitar bastantes comentarios de «Tío, te has pasado», y al poco Rosamunda se las arregló para asesinarle, huyendo a la ciudad bizantina de Rávena junto con la hija de Albwin, Albswinda, y dejando a los lombardos hundidos en la mierda para los siguientes once o doce años. Albwin reinó relativamente poco tiempo porque era demasiado guay para este mundo, pero el reino lombardo que él fundó en Italia duró casi doscientos años.

Rosamunda demuestra su poco sentido del humor por medio de un sirviente

Más en serio, hay algo fascinante en la forma en la que la leyenda germánica se mezcla con la historia en la figura de Albwin. Pablo Diácono ya decía en el s. VIII que circulaban canciones sobre él entre lombardos, sajones y bávaros, pero lo que realmente hace que toda esta historia le conmueva a uno es el eco en un poema en inglés antiguo, Widsið:

Swylce ic wæs on Eatule mid Ælfwine, se hæfde moncynnes, mine gefræge, leohteste hond lofes to wyrcenne, heortan unhneaweste hringa gedales, beorhtra beaga, bearn Eadwines
«También estuve con Albwin en Italia, de toda la humanidad el que tenía, por lo que he oído, la mano más rápida para hacer cosas dignas de admiración y el corazón más generoso para repartir anillos y brazaletes brillantes, el hijo de Audwin»

Diossss. Germania. Hitler y los grupillos de viking metal no tienen ni idea de lo que están hablando.

jueves, 14 de mayo de 2009

Hark!


hark
PhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhonetic Phonetic PhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhonetic
verb [I] (ALSO hearken) OLD USE
used to tell someone to listen

vagrant PhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhoneticPhonetic
noun [C] FORMAL OR LEGAL
a person who is poor and does not have a home or job; a tramp
Ha quedado claro, ¿no? Hark! A vagrant es una expresión deliciosamente arcaica que da nombre a un cómic creado por Kate Beaton, dibujante canadiense licenciada en Historia. Y sí, en efecto, es un cómic brillante, delirante, absurdo e inteligente sobre Historia (aunque también toca cualquier tema que se le antoje en un momento dado). Lo descubrí por un enlace que puso Zach Weiner, el creador de Saturday Morning Breakfast Cereal (recomendado también), y a los dos segundos ya lo tenía en la pestaña de favoritos.

A Kate Beaton le encanta sobre todo el s. XVIII y principios del XIX, y se nota. Muchos de los cómics están ambientados en la época colonial y la verdad es que buena parte de ellos escapan a mis conocimientos, pero un cómic que contiene tiras como estas ya es grande, sean como sean las demás:


Tiene muchas tiras que no son de historia, gilipolleces creadas con MSPaint, idas de olla en general, y una cierta fijación por Jane Austen. Todo ello, naturalmente, le hace ganar todavía más puntos.

Y además es canadiense. Será casualidad.